COLOMBIA MITOS Y LEYENDAS

1 Mar


Bachué, la madre chibcha salió de la laguna de Iguaque, una madrugada, llevando un niño en los brazos. Era una bella mujer, cubierta solamente por una túnica de pelo negro, que le arrastraba.

Bachué, La Madredigua

Apareció lustrosa, recién escurrida del lago. Una madrediagua morena, garbosa, de senos redondos, firmes, cobrizos, terminados en puntas más oscuras. Caminaba afirmando las piernas ágiles, venía de nadar tanto que se le formaron pantorrillas de hoja de palma y muslos fuertes. En los brazos, la criatura también desnuda.

Bachué se instaló entre los Chibchas, se ganó su confianza y su afecto. Les enseñó normas para conservar la paz con los vecinos y el orden entre las gentes de su cercado.

El niño creció y Bachué, encargada de poblar la tierra, empezó a ser fecundada por la criatura que había portado en sus brazos. Los alumbramientos eran múltiples, como los de las conejas, en el primer parto se contaron mellizos, en el segundo trillizos, en el tercero cuádruples y así hasta que se consideró que su tarea reproductora sobre la tierra estaba cumplida.

En pocas edades recorrió muchos cercados, y por todas partes dejó criaturas y enseñanzas. Paso el tiempo y la mujer pobladora no envejecía. De pronto, su cuerpo se destemplo; los senos se le escurrieron; las piernas se le aflojaron; su cuello ya no era lozano; el rostro estaba poblado de arrugas; había un gran cansancio en su mirada. Sin avisar, se metió a la laguna de Iguaque, acompañada del mismo ser que había traído. Se lanzó a las aguas. Un gran bostezo del lago la devoró, convirtiéndola en serpiente, símbolo de inteligencia entre los Chibchas.

Los nativos aseguraban que de vez en cuando veían a la culebra asomar los ojitos brillantes a la superficies de las aguas vidriadas, en las noches de luna, cuando acudían a llevarle ofrendas. Arrojaban adornos de oro, utensilios y copas doradas, en la seguridad de que ella estaba en el fondo de la laguna recibiendo los regalos, de buen corazón.

Al varón no le pusieron mayor atención. Ella quedó para siempre con el título de madre de la humanidad, fuente de toda vida. Y como venía del agua, los naturales comenzaron a adorar las lagunas y las ranitas, los renacuajos, las lagartijas, todo síntoma de vida que brotara de las aguas. Fundieron en oro alfileres rematados en batracios, se colgaron al cuello dijes en forma de lagarto y divinizaron a las ranas, que en adelante serían el símbolo de la fertilidad.

 

Bochica, el Maestro de los Muiscas

Fue entonces cuando apareció Bochica, por el oriente. Era un anciano venerable de largas barbas blancas, piel blanca y ojos azules, vestido con una manta grande, que lo cubría casi hasta los pies. Venía acompañado por una mujer más joven y también blanca.

Desde el primer momento Bochica simpatizó con los indios y comenzó a enseñarles sus principales virtudes: no matar, no robar, no mentir y ayudarse los unos a los otros. Después comenzó a enseñarles sus principales actividades: a construir sus casas, a sembrar la tierra, a fabricar las ollas de barro, a tejer las mantas de algodón y otras cosas, todas provechosas. Bochica quería mucho a los indios y estos lo querían a él. En cambio, la mujer de Bochica nunca quiso a los indios y siempre procuró hacerles mal.

Una vez aprovechando la ausencia de Bochica, inundo la sabana, daño con ello las casas y las sementeras de los indios y puso a estos en situación desesperada, hasta cuando regresó el anciano, aquien los indios dieron la queja de lo ocurrido.

Tan indignado se sintió Bochica contra su mujer, que le castigo convirtiéndola en lechuza. Enseguida se dirigió a los cerros que rodean la sabana y con una barita de oro, que siempre usaba, tocó las rocas, las cuales se partieron para dar paso a las aves. Así se formo el salto del Tequendama.

Pero no todos los indios se portaron bien con Bochica ni le agradecieron debidamente los grandes beneficios que de el habían recibido, por lo que el anciano maestro se sintió indignado con ellos. Así que en la primera oportunidad desapareció por el arco iris, en el cual se ve cuando una persona lo mira desde el salto del Tequendama. (Recopilado por Juan Camilo Cadavid)

 

El Dorado

Uno de los rasgos más imperecederos es la leyenda de El Dorado, nombre que evoca imágenes fantásticas en las mentes occidentales.

El oro constituía un medio sagrado para muchas civilizaciones Precolombinas, como la Mochica, la Chimu y la Inca, debido en parte a su brillo incorruptible y a sus asociaciones rituales y mitológicas con el sol, el mundo de los espíritus y la fertilidad.

El oro y la plata del perú incaico despertaron la imaginación y la codicia de los conquistadores españoles.

Gonzalo Pizarro, hermano del conquistador del Perú, organizó una expedición con Francisco de Orellana para buscar la tierra del rey poseedor de tan grandiosas riquezas que le ungían a diario con exquisitas resinas para fijar el polvo de oro con que se adornaba el cuerpo.

Pero en realidad, la leyenda de el Dorado tiene origen al norte del Perú, entre las jefaturas de Colombia, donde se han identificado diversos estilos de trabajar el oro.

Juan de Castellanos observo en 1589 que en esas antiguas sociedades colombianas el oro era la sustancia que daba a los nativos el aliento de la existencia, aquello por lo que vivían y morían.

La leyenda de El Dorado se basa en la realidad histórica, en los ritos amerindios que en sus orígenes se celebraban en la laguna de Guatavita, en los altiplanos de Colombia. Aquí tuvo lugar una ceremonia para celebrar la ascensión a un trono de un nuevo rey, tras una época de reclusión en una cueva, peregrino hasta el lago con el fin de hacer ofrendas a la principal deidad. Al llegar al lago, el futuro rey fue despojado de sus galas y recubrieron su cuerpo con unas resinas sobre las que le aplicaron una capa de fino polvo de oro. De esta guisa se internó en el lago junto con sus servidores, Revestidos de complicados ornamentos también de oro. Incluso la balsa estaba ricamente adornada, y cuatro braseros humeaban con el incienso sagrado. Atravesaron las aguas mientras el viento resonaba con el sonido de flautas, trompetas y cánticos. Al llegar al centro del lago se hizo silencio y el nuevo jefe y sus acompañantes arrojaron todos los objetos de oro al agua para luego volver a la orilla, donde el monarca fuese recibido ceremonialmente.

Esta ceremonia impresionó grandemente a los europeos que la presenciaron.

En un grabado de 1599 aparecen dos hombres preparando a un nuevo jefe Muisca para la toma del poder. Uno de ellos extiende resina en el cuerpo del monarca y el otro sopla polvo de oro por un tubo.

En esta presentación salta a la vista la influencia europea, pues el grabador (Teodoro de Bry) nunca había estado en las Américas y se inspiró en testimonios de segunda mano. Sin embargo la imagen es un poderoso símbolo del influjo de los ritos y rituales amerindios en la imaginación europea y de la fascinación que siempre ha ejercido el oro.

LOS TIKUNAS PUEBLAN LA TIERRA (Mito amazónico )


Yuche vivía desde siempre, solo en el mundo. En compañía de las perdices, los paujiles, los monos, y los grillos había visto envejecer la tierra. A través de ellos se daba cuenta de que el mundo vivía y de que la vida era tiempo y el tiempo… muerte.

No existía sitio más bello que aquel donde Yuche vivía: era una pequeña choza en un claro de la selva y muy cerca del arroyo enmarcado en arena fina. Todo era tibio allí; ni el calor ni la lluvia entorpecían la placidez de ese lugar.

Dicen que nadie ha visto el sitio, pero los Tikunas esperan estar allí algún día.

Una vez Yuche se fue a bañar al arroyo, como de costumbre, llegó a la orilla y se fue introduciendo en el agua hasta que casi estuvo enteramente sumergido. Al lavarse la cara se inclinó mirándose en el espejo del agua; por primera vez notó que había envejecido.

El verse viejo le entristeció profundamente:

– Estoy ya viejo… y sólo. ¡Oh! si muero, la tierra quedará más sola todavía.

Apesadumbrado, despaciosamente emprendió el regreso a su choza.

El susurro de la selva y el canto de las aves lo embargaban ahora de infinita melancolía.

Yendo en camino sintió un dolor en la rodilla, como si lo hubiera picado algún insecto; no pudo darse cuenta, pero pensó que había podido ser la picadura de una avispa. Comenzó a sentir que un pesado sopor lo invadía.


– Es raro como me siento. Me acostaré tan pronto llegue.

Siguió caminando con dificultad y al llegar a su choza se recostó, quedando dormido.

Tuvo un largo sueño. Soñó que mientras mas soñaba, más se envejecía y más débil se ponía y que de su cuerpo agónico se proyectaban otros seres.

Despertó muy tarde al otro día. Quiso levantarse, pero el dolor se lo impidió. Entonces se miró la inflamada rodilla y notó que la piel se había vuelto; le pareció que algo en su interior se movía. Al acercar más los ojos vio con sorpresa que, allá en el fondo, dos minúsculos seres trabajaban, se puso a observarlos.

Las figurillas eran un hombre y una mujer:

el hombre templaba un arco y la mujer un chinchorro.

Intrigado, Yuche les preguntó:

– ¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo llegaron ahí?

Los seres levantaron la cabeza, lo miraron, pero no respondieron y siguieron trabajando.

Al no obtener respuesta, hizo un máximo esfuerzo para ponerse de pie, pero cayo sobre la tierra. Al golpearse, la rodilla se reventó y de ella salieron los pequeños seres que empezaron a crecer rápidamente, mientras el moría.

Cuando terminaron de crecer, Yuche murió.

Los primeros Tikunas se quedaron por algún tiempo allí, donde tuvieron varios hijos; pero más tarde se marcharon porque querían conocer más tierras y se perdieron.

Muchos Tikunas han buscado aquel lugar, pero ninguno lo ha encontrado.

Madre Mar y Los Mundos


Los indios Kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta creen que la Madre del mundo es el mar, pues en el principio del mundo todo era mar y se encontraba en la oscuridad.

A la Madre la llamaban Gualchován. En el proceso de la creación los Kogui creen que se formaron 9 mundos: en el primero se encontraba la madre, el agua y la noche; en el segundo existía el tigre; en el tercero lombrices y gusanos; en el cuarto Sáyagaueye-yumang y Disi-se-yuntaná, otras dos Madres, y un padre que se llamaba Sai-taná, quien fue el primero en saber cómo iba a ser la gente; en el quinto mundo estaba la Madre Eukuáne-yumang y en él había seres humanos, pero sin orejas, ni ojos, ni narices, ni oídos; estas gentes sin embargo, hablaron por primera vez y decían “sai, sai, sai” (noche, noche, noche).

En el sexto mundo imperaban la madre Búnkuanene-nulang y el padre Sai-chaká; allí empezaron a nacer los dueños del mundo, que inicialmente eran dos: el Búnkua-sé (Azul) y el Bunkua-sé (Negro) , y en cada uno había 9 Bunkua-sé; los del lado izquierdo eran todos azules y los del lado derecho eran todos negros. En el séptimo mundo existía la madre Ahúnyiká; allí empezó a formarse la sangre en los cuerpos y nacieron más gusanos, sin huesos y sin fuerza. En el octavo mundo con su madre Kenyajé y el Padre Ahuínakatana nacieron los padres y otros dueños del mundo, que eran 36 en total. En el noveno mundo aparecen nueve Bunkuasé (Blancos) . Entonces los padres del mundo encontraron un árbol grande y en el cielo, sobre el mar y sobre el agua hicieron una casa grande de madera y paja de bejuco que llamaron Alnáua.

Cómo nacieron el sol y la luna

En medio de la oscuridad una hermosa india arhuaca tuvo dos niños que desprendían luz por todo el cuerpo y, temerosa de que al verlos se los robaran, los escondió en una cueva: sin embargo, el resplandor que producían era tanto que se filtraba por las hendijas de la puerta y fácilmente fue visto por los demás indios que, curiosos, quisieron saber que había dentro. Con flautas, caracoles y tambores llegaron hasta las cercanías de la cueva y empezaron a tocar una música hermosísima; las suaves notas llegaron a los oidos de los niños indios y Yuí, el varón, salió para escucharla mejor.

No fue sino verlo los indios y trataron de cogerlo, pero Yuí voló y subio hasta el cielo en donde se convirtió en sol; los indígenas que miraron para verlo, quedaron convertidos en piedra.

Empero, la luminosidad que había en la cueva continuaba y tenues rayos se somaban por las hendiduras; los indígenas decidieron tocar más hermoso y Tima, la hermana de Yuí también salió para escucharla mejor; los indios, temerosos de que se les escapara, le arrohjaron cenizas a los ojos para así cegarla, pero ella voló en la misma dirección de su hermano y se situó muy cerca.

Como la cara le había sido eencenizada, no tuvo el mismo resplandor de Yuí, pero en las noches vigila los prados de los Icjas; Tima se convirtió en luna. (Recopilación de Juan Garbiel Ruiz)

 Origen de la luz, del sol y de la luna (Leyenda Puinave)

En el principio todo era oscuridad y sólo vivían cuatro hermanos puinaves de nombre GUARIROM, KWAI, PIRKIBIARI y NIBDÁ; el primero era el mayor de todos y fue el hacedor del universo, y la última era la única mujer.

Guarirom creó primero el cielo, el sol, la luna y las estrellas; después hizo la tierra, los ríos, los peces y las aves, y por último hizo los hombres; sin embargo todo permanecía oscuro porque infinidad de nubes había por doquier y no dejaban alumbrar el sol; en medio de esa oscuridad se bañaban todos los niños y el sol y la luna, que vivían juntos, aprovechaban la oportunidad para robárselos, asarlos y comérselos.

Los padres veían que desaparecían sus hijos pero no alcanzaban a imaginarse ni el cómo ni el porqué, hasta que un día, puestos en vigilancia, se dieron cuenta de la causa y resolvieron vengarse; en efecto, invitaron al sol y a la luna a una gran fiesta para la que las mujeres hicieron mucha chicha valiéndose del guarapo obtenido por los hombres de una gran cantidad de caña molida.

La fiesta empezó a desarrollarse con cánticos y bailes y dando a beber chicha en forma continua al sol y a la luna hasta conseguir emborracharlos; el sol, mareado por el mucho consumo, se tiró al suelo y la luna, muy borracha, se acostó a su lado; una vez que estuvieron dormidos les prendieron candela.

El calor del fuego los despertó y corrieron hacia el río; la luna se arrojó a las aguas y el sol se sentó en la proa de una curiara -canoa-; la luna arrojaba agua a su esposo y éste le decía que no lo apagara porque tenía que dar mucha luz a la gente cuyos niños había robado y comido para así compensarlos en algo; – debo secar el casabe que llevan para sus viajes y el monte para que cultiven el plátano y siembren la yuca; debo pagar el mal que les he hecho – y empezó a elevarse; Guarirom, que muy cerca los observaba, separó las nubes y la luz brilló sobre la tierra; sobra decir que la luna como buena esposa lo siguió a las alturas, no sin antes decir a los puinaves que si bien ella no alumbraría todos los días, al menos no permitiria la oscuridad continua de las noches, para tratar de pagarles un poco la falta cometida.

ORIGINAL ↴

http://www.oas.org/children/mitos/Colombia/Colombmitos1.html

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