Internacionalismo socialista y la defensa de los trabajadores inmigrantes

11 Oct

WSWS : Español

Por Bill Van Auken
6 Mayo 2010

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La nueva ley del estado de Arizona contra los inmigrantes, que dictamina la persecución de inmigrantes por la policía, ha vuelto a encender un debate en los medios de comunicación y los círculos del aparato político sobre el estatus de más de 12 millones de indocumentados que viven en los Estados Unidos.

Gran parte de este debate se ha centrado en un intento deliberado de ver a los inmigrantes, uno de los sectores más oprimidos de la clase obrera, como chivos expiatorios por el aumento del desempleo, caída de los salarios reales y el agudo deterioro de las condiciones de vida que confrontan las personas que trabajan a lo largo de todos los EE.UU.

Mientras que la administración Obama y líderes demócratas en el Congreso públicamente repudian la ley de Arizona, están utilizandola para avanzar sus propias políticas en materia de inmigración, incluso más derechistas, exigiendo la fuerte militarización de la frontera con México y la enérgica penalización de trabajadores indocumentados que residen en los EE.UU., que los obliga a admitir actos delictivos y pagar multas exorbitantes antes de tomar su lugar al “final de la cola” de los solicitantes a la legalización.

Además, los demócratas exigen la introducción de una tarjeta de identificación nacional biométrica como condición para obtener trabajo, dándole al gobierno una poderosa arma típica de un estado-policiaco para su uso en el control de todos los sectores de la clase obrera, de los nacidos en EE.UU. e inmigrantes por igual.

Este viraje reaccionario de ambos partidos ha provocado la ira popular, con cientos de miles saliendo a las calles en ciudades de todo el país el 1ro de mayo para exigir un fin a la represión contra los inmigrantes y la plena igualdad de derechos para todos.

El chovinismo anti-inmigrante es un arma política en manos de la élite gobernante y los demagogos de derecha—que defienden sus intereses, no sólo en los EE.UU., sino en todos los países del mundo. El gobierno francés ha intentado poner a la población en contra de los inmigrantes musulmanes mediante la promoción de una prohibición total del uso del burka o velo en la cara completa. Bélgica ya ha implementado una prohibición. En Gran Bretaña, los sindicatos han organizado huelgas contra la mano de obra extranjera. Se han producido disturbios contra los inmigrantes en Italia, y Hungría ha sido testigo de intentos de agitar los pogromos contra la minoría gitana.

Una forma particularmente insidiosa de esta agitación anti-inmigrante es el intento de promover una campaña contra los inmigrantes y el fortalecimiento de la frontera, en nombre de la defensa de las condiciones de los trabajadores nacidos en el país contra la competencia de salarios bajos.

En las últimas semanas, el World Socialist Web Site ha recibido varios correos electrónicos en respuesta a nuestras declaraciones sobre la ley de Arizona y las manifestaciones del 1ro de mayo que reflejan precisamente esta posición.

“Tú no estás a favor de la clase obrera de EE.UU.”, comenta un lector. “Con una economía que se está reduciendo rápidamente, tal vez colapsando, y las múltiples crisis de recursos inminentes en el horizonte, hay que hacer algo para frenar el exceso del crecimiento de la población y el trabajo de esclavo asalariado.”

“El enorme flujo de trabajadores indocumentados va a destruir todos los logros alcanzados por la clase obrera de los EE.UU. en el siglo 20,” comenta otro lector.

Y otro dice: “Aunque me solidarizo con la situación de las personas afectadas por la pobreza en América Latina, ninguna nación en la tierra simplemente abre sus puertas a una inundación sin restricciones de extranjeros—11 millones de ‘ilegales’ por la mayoría de las estimaciones más conservadoras. Los EE.UU. ha fracasado en cumplir sus leyes porque las grandes corporaciones pagan a los inmigrantes ilegales bajos salarios (a menudo por debajo del salario mínimo), no ofrecen seguros u otros beneficios y se salen con la suya.”

Lo que une todos estos comentarios, su diferente grado de simpatía que profesan por los inmigrantes indocumentados no obstante, es la concepción de que las condiciones de la clase obrera en los EE.UU. pueden ser defendidas aumentando el poder del Estado para fortalecer la frontera con EE.UU., mantener a los inmigrantes afuera y, por lo tanto, supuestamente defender las normas laborales nacionales. A ello se une el cargo innegable que los grandes negocios de EE.UU., como mínimo, se ven profundamente afectado por la cuestión de inmigración debido a su capacidad para explotar a los trabajadores inmigrantes como mano de obra barata.

La agitación anti-inmigrante tiene una historia larga y desagradable en los EE.UU., incluida las campañas contra los trabajadores irlandeses y alemanes en el siglo 19 y el italiano, de Europa del Este y chinos en el siglo 20. En todos los casos, estas campañas tenían como objetivo dividir a la clase obrera, la supresión de las capas más militantes, a menudo compuesta de los propios inmigrantes, y contener y reprimir las luchas sociales.

La perspectiva nacionalista que expresan estas cartas al WSWS y el llamamiento al gobierno de EE.UU. para defender las condiciones de los trabajadores estadounidenses en contra de una supuesta amenaza de “extranjeros” corresponden mucho a los “Estados Unidos primero”, que es la política de la burocracia laboral de EE.UU. y los diversos grupos clase media que gravitan alrededor de ésta.

Estos argumentos comienzan con la suposición de que nada se puede hacer para modificar la escasez creada por la monopolización de la riqueza mundial por una pequeña elite financiera. Más bien, parecen sugerir la creencia de que la miseria resultante puede ser mejorada con la expulsión de los trabajadores inmigrantes.

Las políticas chovinistas avanzada por la central sindical norteamericana, la AFL-CIO, han demostrado no ser nada más que un medio para imponer la destrucción de puestos de trabajo, salarios y condiciones de trabajo. La burocracia sindical se comprometió a defender “empleos en Estados Unidos” para imponer recortes salariales, despidos masivos y concesiones destinadas a hacer en los costes laborales más competitivos con los de China, Europa del Este, México y otras partes del mundo, donde han desplazado la producción las corporaciones transnacionales de EE.UU..

La idea de que la afluencia de mano de obra barata inmigrante es responsable de la disminución de la posición de la clase obrera estadounidense es desmentida por la historia real de este proceso. La integración mundial sin precedentes del capitalismo hizo posible una racionalización de la producción y el deterioro de los salarios y las condiciones de vida en los EE.UU. y en todo el mundo. El aumento de la inmigración a finales del siglo 20 fue el producto—y no la causa—de este proceso, y su impacto particular en los países más oprimidos, entre los cuales y de gran importancia fue la destrucción de la agricultura campesina en México.

No son los trabajadores inmigrantes, que se ven obligados a arriesgar sus vidas cruzando la cada vez más peligrosa y militarizada frontera, los que han destruido las condiciones de trabajo en los Estados Unidos. Más bien, es el sistema capitalista, en el que la economía mundial está subordinada al deseo de ganancia de la élite empresarial y financiera, y en la que el capital no necesita pasaporte para viajar de forma casi instantánea de un país a otro en busca de mano de obra barata.

Sólo la unión con la clase obrera a nivel internacional pueden los trabajadores en los EE.UU. o en cualquier otro país luchar exitosamente contra las corporaciones capitalistas movilizándose a nivel mundial para avanzar su propia solución independiente a la crisis económica mundial: la reorganización de la economía mundial para satisfacer las necesidades sociales, no las ganancias privadas. Esta unión debe comenzar con el rechazo de todo intento de dividir a los trabajadores nacidos en EE.UU. y los inmigrantes, independientemente de su condición legal, y la defensa de la libertad de todos los trabajadores para vivir y trabajar en el país de su elección con plena igualdad de derechos.

La dependencia de fuertes fronteras nacionales, el proteccionismo económico y el endurecimiento de las leyes de inmigración para crear una especie de “fortaleza América” sólo servirá para intensificar los ataques contra la clase obrera en el país, mientras que prepara el camino hacia una nueva erupción de la guerra imperialista mundial.

Los trabajadores de los EE.UU. y de todos los países pueden evitar esta catástrofe sólo a través de una lucha común por la reorganización socialista revolucionaria de la economía mundial. Esto requiere la construcción del partido mundial de la revolución socialista, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.


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